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Nomade es una interfase entre artistas que usamos tecnología y el software libre. Interfase que pretende facilitar la migración desde sistemas operativos y software propietarios hacia sus alternativas libres, a través de una experiencia compartida por un grupo de usuarios con problemas e inquietudes similares, que serán apoyados por el grupo de usuarios Linux de Córdoba. En este sentido también es una superficie de contacto, conocimiento y colaboraciòn entre artistas e informáticos.

¿Porqué surge nomade?

Partiendo de la curiosidad, del interés o afinidad ideológica que muchos artistas y otros usuarios en general manifiestan acerca del movimiento de software libre sin ser usuarios, nomade es el momento de encuentro de esos usuarios con el software, pensado en términos de “disponibilidad”: aquello que hace útil una herramienta no es sólo saber que existe, sino tener acceso a ella y ser instruído en su manejo, cuando éste presenta alguna complejidad.

El desarrollo del software libre sobre entorno gráfico y otros problemas de usabilidad en los últimos años ha avanzado notablemente, al punto de poder acercar algunas distribuciones de OS y aplicaciones de manejo muy similar a las monopólicas de software propietario. Estos desarrollos abren la posibilidad de ampliar los usuarios desde los programadores hacia usuarios finales que utilizan ciertas aplicaciones muy específicas, con una mínima comprensión del OS estrictamente operativa. Usuarios finales tales como los que seguramente somos los artistas que nos aproximamos a la computadora en función de una tarea a realizar, y con distintos niveles de comprensión y experiencia acerca de las funciones del OS y los programas.

En cualquier caso, somos el tipo de usuario que puede hacer sus tareas con éxito, pero la mayoría de las veces actúa intuitivamente o por ensayo y error. Super-usuarios -como diría J. Nielsen, un experto en usabilidad- que sin comprender la complejidad de los procesos que controlan pueden usarlos para sus fines, y no dependen de expertos para la mayoría de las tareas informáticas. ¿Es sostenible este rol bajo Linux? Coincidentemente Linux tiene una categoría de usuario especial que tiene permisos para todas las operaciones, especialmente las de instalación de nuevo software y configuración del equipo llamado super-usuario o root. Pero este superusuario está pensado para preservar al OS de cambios accidentales hechos por un usuario inexperto pero curioso. El superusuario de Nielsen, que está pensando en el OS más usado, es un usuario puede hacer cierta abstracción de la metáfora del OS y “saber” que está pasando en realidad; que puede ensayar soluciones alternativas si la forma “asistida” no funciona; que instala y desinstala hardware y aplicaciones con un asistente, que maneja comandos básicos de DOS, que sabe donde encuentra ciertos componentes del OS (programas, temporales, favoritos, plugins, tipografías). Este usuario bajo Linux es un usuario común, casi al mismo nivel que los usuarios inexpertos u ocasionales de Windows.

El superusuario de Linux es un usuario que puede realizar operaciones específicas desde la consola, que si bien no es más compleja que DOS, es la interfase que es necesario usar para un gran número de tareas que no están aún desarrolladas para el entorno gráfico. La intención de esta experiencia es iniciar un grupo de usuarios avanzados(super-usuarios bajo Windows) en el software libre alternativo bajo Linux, y crear una plataforma de intercambio y asistencia de expertos para solucionar problemas. Esta plataforma será virtual, a través de http://nomade.liminar.com.ar/, en formato wikki, de manera que podamos mantenerla actualizada facilmente y compartir la información con todos los interesados, vinculados o no a nomade.

¿Porqué artistas?

Los artistas, como todos los trabjadores de la cultura, usamos el software para la producción de bienes simbólicos. Las prácticas artísticas, como forma de interpretación y conocimiento del mundo al igual que la ciencia, la filosofía y otras, deberían aspirar a ser difundidas sin restricciones de ningún tipo, ya sea ideológico (censura) o económico (costo y derechos de propiedad intelectual). El código abierto, concepto que está en la base del movimiento de software libre, es una respuesta a los probelmas derivados de las restricciones de tipo económico: asociado a un soporte inmaterial, cuya copia no tiene costo real, solo queda la cuestión de la propiedad intelectual.

Código abierto que cualquiera puede acceder a las fuentes del conocimiento, usarlas o modificarlas (el código en el caso del software, investigaciones o producciones anteriores en el caso de la ciencia o el arte), y parte de la premisa que muchas personas trabajando en el mismo objeto necesariamente llegarán a mejores resultados que unas pocas. Liberar el acceso a las fuentes significa reconocer que el conocimiento siempre se construye colectivamente, mas allá de que alguien llegue a un determinado resultado por una especial dedicación, capacidad o intuición, y se convierta en “autor”. La inteligencia colectiva opera siempre, advirtámoslo o no, en el rumbo que toman nuestros pensamientos y pasiones: el modelo del bazar, abierto, ruidoso y horizontal puede aplicarse también a la producción artística (la historia del arte tiene numerosos ejemplos); y en nuestro caso particular, difundirse, mejorarse y mutar en infinitas formas montadas sobre el ciberespacio: como ejemplo, las licencias copyleft, creative commons y artlibre son nuevos modos de entender la producción simbólica que buscan el diálogo con otros para completarse, precisar, mejorar y ofrecer nuevas respuestas a las preguntas de siempre. Para las prácticas artísticas que se orientan a comunicar, la difusión y la retroalimentación con los receptores son aspectos tan importantes como la propia obra.

Este proyecto intenta también iniciar un proceso de articulación entre artistas e informáticos que permita quizá, en el futuro, el diseño de software a medida para ciertos usos. Esta tendencia, conocida como software-art representa alternativas críticas al software propietario en cuanto desarrollan funciones que no tienen aplicación comercial, y evitan las simplificaciones y las decisiones corporativas que determinan lo que se puede o no hacer con una herramienta: por ejemplo, los recursos audiovisuales en la web en la actualidad están dominados por la hegemonía de un software de animación vectorial, que ha definido a partir de su funcionamiento y limitaciones una cierta “estética”: vertiginosa, muy gráfica o seudo 3D, con sonido electrónico. Hacer otra cosa es dificil, en cuanto no hay herramientas disponibles.

Software libre: caja abierta y transparente

Para pensar sobre esto retomamos las ideas de Flusser acerca de la mediación tecnológica de los aparatos como “cajas negras” que ocultan su funcionamiento a sus “funcionarios” u operadores, quienes eligen entre un número finito de opciones de entrada, procesamiento y salida de datos. Precisamente esa combinación de opciones, es lo que se denomina “programa” y representa lo que se puede hacer con una herramienta, desde su propio diseño: la demanda industrial requeire un determinado tipo de desarrollo que responda a los intereses de quienes invierten en ello. Como ejemplo, la radio en sus primeras épocas era un aparato emisor-receptor.

Cada persona podía convertirse en emisor y usarlo a su necesidad. Esta función en la actualidad está limitada a las comunicaciones a distancia y la radio se ha convertido en un medio de comunicación de masas -quizá el más interactivo en cuanto los oyentes ingresan en tiempo real a la emisión usando su teléfono-, pero igual que la televisión, el cine y la prensa escrita están controlados por empresas productoras de la información que se emite, y al receptor le cabe precisamente, solo la recepción de contenidos y su inseparable publicidad. Igual que sucedió con la TV, si en un primer momento el negocio era la venta de aparatos, la mayor funcionalidad era importante, luego pasó a ser irrelevante porque el negocio se desplazó a la venta de publicidad, y a la generación de contenidos espectaculares y atractivos que la acompañen. Volviendo a Flusser, éste advierte que si es deseable que cierto tipo de aparatos realicen la misma tarea sin modificaciones una y otra vez cuando se ingresan los mismos “datos” (tal como se espera de un lavarropas que lave siempre igual si se le ingresan los mismos elementos y se elige el mismo programa), este mismo hecho, aplicado a la producción de sentido, o de bienes simbólicos, es altamente problemática.

Repetir significantes y significados hasta redundar en lugares comunes, o permitir que la producción esté condicionada por las “opciones disponibles”, más que por el mensaje a transmitir solo puede derivar en simplificación y naturalización de la complejidad y diversidad de las formas de interpretar el mundo que representan los bienes simbólicos de cada cultura. El software libre sería una forma de acceder al interior de la “caja negra” que es una computadora, su parte lógica, en cuanto con el conocimiento suficiente es posible abrir las fuentes, estudiarlas y hacer modificaciones, adaptaciones, traducciones y mejoras. La “caja negra”, opaca y cerrada se torna potencialmente transparente y abierta, para quien maneja el código. Si bien esa es la forma ideal de vincularse a los dispositivos tecnológicos, es imposible ignorar y desestimar las valiosas producciones que se han realizado sin penetrar estrictamente en el interior de estas cajas negras y modificarlas.

Operaciones simples, que no requieren conocimiento técnico específico pero que trabajan sobre los límites de lo posible, son también intervenciones en el “programa” de un aparato, que amplían su repertorio y aportan nuevos recursos para comunicar. Por ejemplo, obras que trabajan sobre el defecto técnico de algún dispositivo e intentan controlarlo para producir desde el recurso del error: Nam June Paik y los imanes cerca de la TV, videos realizados con placas de video defectuosas, fotografías con material vencido, o mal expuesto, archivos abiertos con el filtro equivocado, etc.

Otro recurso son los usos no convencionales del aparato: generalmente los que no se aproximan desde un preconcepto o una instrucción recibida para usarlo pueden apartarse facilmente de los usos previstos y desarrollar nuevas opciones. Asi, los artistas que se acercan a la fotografia sin manejo de camara o luces descubren con un grado de azar efectos o llegan a resultados nuevos a partir del ensayo y error. Igualmente, en el uso del software de diseño, o de posproducción que en todos los casos no está diseñado para el arte, los usuarios artistas utilizan funciones y combinaciones “incorrectas” desde el diseño de software, que dan resultados inesperados, inestables, y nuevos, la mayoría de las veces irrepetibles: por ejemplo, en fotografía los experimentos con técnicas antiguas o no industriales de preparación casera (Ota), o las modificaciones a procesos automáticos como la Polaroid (Samaras), o la intervención en la salida de la impresora, o el uso de paletas incorrectas en una imagen de pixel en colores, el Ascii-art (que genera imagen y animación con caracteres de texto), la Form competition de Shulgin, etc.

Naturalización de las opciones y dependencia informática Software libre implica también un posicionamiento frente al uso ilegal que se dá en el ambito público y privado en Argentina, frente a la imposibilidad de afrontar los costos del software original.

Imposibilidad derivada de su precio internacional, y nuestro trabajo subvaluado que hace imposible trasladar el costo del software legal a las producciones digitales. Por supuesto que no representamos un mercado que al software propietario le interese controlar, puesto que la mínima presión seria implicaría una migración masiva a formatos libres: por el contrario, nosotros representamos el mercado de apoyo que sustenta el monopolio basado en la naturalización de un determinado OS como el único posible, y su imposición por diversos medios como estándar en el mercado.

Representamos una parte importante de ese mercado que aporta a las estadísticas que indican que “el 90%” de los usuarios usan tal OS o aplicación. Mas allá que la diversidad de opciones del software libre implican cierta dificultad de comprensión en un primer momento, para el usuario común, porque atentan contra la consistencia y la familiaridad de lo conocido, también representan precisamente una opción que desnaturaliza la percepción del OS “más usado” como “el único OS” al punto de confundirlo con la propia computadora (mi hijo creía que XP era el modelo de procesador). El software libre instala nuevamente en el escenario informático la diversidad de las primeras épocas del ordenador personal, en los 80.

Si en aquel entonces, la usabilidad, la simplificación y la unificación de criterios era vital para permitir el acceso a los usuarios no-informáticos y ello significó la construcción de monopolios millonarios basados en la venta de los desarrollos de interfases gráficas de usuarios obtenidas en sucesivas copias (la saga Xerox-Apple-Microsoft); hoy estos mismos usuarios, podemos elegir un modelo de desarrollo de software abierto, participativo y adaptable a nuestras necesidades, idiosincracia y presupuesto, que nos permite recordar desde sus diferencias que no se trata de un producto natural ni único sino de uno construido, histórico y en permanente avance como cualquier otra manifestación del conocimiento.

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